Fin de año: Diviértete o muere
Razonamiento lógico:
A: Es treinta y uno de diciembre, el último día del año.
B: A todos los treinta y unos de diciembre les sigue un uno de enero.
C: El uno de Enero es primer día del año nuevo.
Como A, B y C son ciertas, D es siempre cierto:
D: Tengo que emborracharse mucho, mucho, mucho.
Este razonamiento de aquí arriba es, a todas luces, perfecto. No porque sea un razonamiento demasiado bueno, si no porque:
“Cualquier razonamiento que lleve a la conclusión de que hay que emborracharse mucho, mucho, mucho es irrefutable, sin excepción”
(Teorema de Kolokov)
Sin embargo este otro razonamiento ya no está tan bien formulado.
Como A, B y C son ciertas:
E: En los sitios a los que voy a ir de fiesta es normal que me digan como tengo que vestir, normalmente me pedirán que vaya como un pingüino.
F: Es normal que me hagan comprar las consumiciones que voy a pedir por adelantado.
G: El desembolso que debo hacer para entrar a cualquier sitio va a superar lo que gasto normalmente en un mes de fiesta ininterrumpida.
En mi ciudad natal, donde he pasado todas las nocheviejas de mi vida sólo he estado en un cotillón. Quiero decir en mi favor que era joven (tenía 16 años) y necesitaba el dinero. Ese día tuve que sacar a un amigo a rastras de la fiesta y abrirle la puerta de su casa con sus llaves, me salieron unas ampollas como melones por culpa de los zapatos, odié y maldije a la madre del pinchadiscos por cada mierda de canción que nos vomitó encima y estuve a punto de volverme loco por culpa del puto traje incluso antes de entrar en la fiesta: Mi abuela y mi madre estaban tan orgullosas de verme, otra vez, vestido como un capullo (desde los 15 no me había dejado) que si no me dijeron un hectomillón de veces “que guapo que estás” no me lo dijeron ninguna.
Para el perfil de adolescente que yo gastaba en esos oscuros años de mi vida (jevi, rolero, soltero y hetero) los piropos, viniendo de una madre y o una abuela, son el peor insulto imaginable.
Al día siguiente la resaca de garrafón especial año nuevo fue la puntilla que necesitaba para jurarme a mi mismo que nunca más iria a un cotillón de nochevieja.
Pero entonces, ¿Que hacer? No soy el único que se ha planteado en mandar la fiesta de nochevieja a tomar por culo. Conozco gente que lo ha hecho, dejando claro que sus principios están por encima de sus ganas de fiesta. Pero yo tengo por principio no poner mis principios por encima de mis ganas de fiesta.
Y es que ser el único que no se emborracha de la cuadrilla para dar ejemplo no es ser un profeta. Es ser un martir. Y tampoco es lógico convertirte en un martir cuando tienes alternativas. Por ejemplo: Jesucristo podía convertir el agua en vino, multiplicar peces y resucitar gente. y tenía un viejo que no sólo era poderoso: Era omnipotente. Si hubiera querido podría haber fulminado a los soldados romanos que le capturaron con sus superpoderes, pero no quiso, se dejó torturar y murió. Luego esto a la Iglesia Católica le ha venido de perlas, porque ahora puede exigir a sus fieles cualquier cosa en nombre de Dios, ya que Chus murió sacrificado por ellos y no existe sacrificio mayor. Resumiendo, chantaje emocional.
Organizar tu propia fiesta o ir a una fiesta privada suele ser la mejor opción. Es algo que hemos estado haciendo unos cuantos años, pero este no tenemos el lugar físico donde hacerlo. Ir directamente a los bares que no cobran entrada es un problema porque suelen estar abarrotados y no es posible aguantar mucho tiempo dentro.
En conclusión: Me da que al final este fin de año me voy a ir de chufla con mi abuela y mi madre, que una vez pasada la adolescencia he descubierto que son unas señoras de lo más divertidas.
¡Un abrazo a todos!
