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Compiladores y Andamios (El piso de estudiantes 4)

Un día indeterminado en el piso de estudiantes, a una hora indeterminada.

Me levanté de la cama con una suave resaca. Me sentía con fuerzas y motivado para volver a ser un hombre de provecho. Entré al cuarto de mi cuarto compañero de piso Fiu y le dije:

- ¡Que bien me lo estoy pasando celebrando el fin los exámenes de Febrero! Aun así, creo que ya es hora de volver a aparecer por clase. ¿Qué opinas?

Había sorpresa en los vidriosos ojos de Fiu - Ya te digo, no sería mala idea. ¿Que hora es? - Dijo.

- Ni idea. ¿Que día de la semana es?

- Espera que miro en internet - Cerró Fiu la ventana del videojuego al que estaba jugando y por acto reflejo abrió el emule - ¡Rayos y retrúecanos, se ha bajado el último capítulo de South Park!

- ¡PONLO YA! ¡AHORA! ¡Voy al frigorífico a por vino y cocacola!

Unas horas más tarde

Un relámpago de duda cruzó mi mente - ¿Oye Fiu, que estaba diciendo yo antes sobre Febrero y los exámenes?

- Hmm… No recuerdo muy bien… Ah, si. ¿Que te lo estabas pasando chachi ahora que han acabado?

- ¡Exacto! Que sería de mi sin tu portentosa memoria, amigo mio.

- Ya te digo. Si es que eres un desastre.


Unos días más tarde, en algún momento de la tarde.

- ¡Qué bien me lo estoy pasando celebrando fin de exámenes! ¿Me pregunto si ya será Marzo?

- El otro día miré en el periódico en un bar, creo recordar que era de Abril.

- ¡Imposible! Seguro que era un periódico del año pasado. Estás todo el día borracho, como te vas a enterar de esas cosas.

Fiu se indignó - ¡Pero como van a tener un periódico del año pasado en un bar! ¿Quieres apostarte una litrona a que estamos Abril? - El problema no era el comprar la litrona, era bajar a la tienda.

Estaba seguro de que no podía perder. ¿Cómo podían los días tan pasar tan rápido? Teníamos que estar en Marzo, tal vez en finales de Febrero.

- Acepto la apuesta. Venga, mira en el calendario del ordenador.

- De acuerdo, espera que miro el emule… ¡Centellitas, acaba de bajarse lo último de Lost! - Exclamó Fiu.

Se me iluminó la cara. - ¿En serio? ¡Espera que bajo a por…! - Pero entonces caí en la cuenta de la sucia maniobra. ¡Ja! No iba a picar tan fácilmente - Espera, si gano tendrás que bajar tú a por las litronas. No cambies de tema y mira la fecha.

Abrió Fiu el calendario. Se le contrajo el gesto plácido a un rictus de horror y me miró muy serio. - Tu ganas, tenías razón. No estamos en Abril.

- ¡Ja! ¡Lo sabía! ¿Qué día es hoy? - Dije sonriente, disfrutando de mi victoria.

- 15 de Mayo. Los exámenes empiezan en dos semanas.


26 de Mayo, 2:37 PM con 21 segundos y 4 milésimas de segundo

Vivíamos en un quinto piso, a la misma altura de la campana de la iglesia. Mi habitación tenía un pequeño balcón que daba a la plaza. Vivir a la altura de la campana de una iglesia no es algo divertido, sobre todo cuando la monja que tiraba de la cuerda para hacerla sonar era conocida en el barrio como Sor Senager. Su devoción y su santidad eran virtudes sólo eclipsadas por sus enormes biceps, que no dudaba en usar con vigor cada vez que había que llamar a misa. Los domingos era cuando de verdad se empleaba a fondo, hasta el punto de levantarnos a todos los pecadores resacosos que no habíamos dormido ni cuatro horas y que ni sabíamos que había dos cochinas tandas de misa todas la mañanas. Hubo un día que me planteé donar a la parroquia, en un alarde de generosidad cristiana, unos “buscas” para que fueran repartidos entre los cuatro feligreses de la tercera edad para ahorrarle trabajo a la adorable monjita culturista.

Asistir a clase con regularidad siempre fue una tarea titánica para mi. A veces había asignaturas que me gustaban, como la que estaba estudiando en ese momento: Compiladores. El profesor era buena gente y se explicaba bien, el primer semestre fui a casi todas sus clases. Incluso alguna vez hice un amago de tomar apuntes. Pero claro, el segundo semestre estaba a punto de acabar y tocaba la parte de las “gramáticas formales”. Quedaban cuatro días para el examen y yo aún estaba intentando entender el título. “¿Gramática? ¿Pero no estaba yo estudiando una carrera de ciencias?”

Para ahorrar tiempo decidí pasar de la teoría y aprender la mecánica de los ejercicios por el método Harry Potter (consiste en no intentar entender nada asumiendo que la teoría es magia). Había aprobado varias asignaturas gracias este método, pero esta ponía a prueba mis límites y mi cordura. Para que nos entendamos, los ejercicios tenían esta pinta.

\begin{displaymath}S\rightarrow SS\vert aSb\vert bSa\vert ab\vert ba\end{displaymath}


\begin{eqnarray*}G_1 &:& \begin{array}[t]{rcl}S &\rightarrow& \mbox{\it nil\/}......it nil\/}\vert A \\A &\rightarrow& cAd\vert cd\end{array}\end{eqnarray*}

 


\begin{eqnarray*}S &\rightarrow& aB\vert ba \\A &\rightarrow& a\vert aS\vert bAA \\B &\rightarrow& b\vert bS\vert aBB\end{eqnarray*}



La primera señal de alarma fue cuando empecé a hablar solo.

- Son todo letras. Ni un sólo número. Cálculos con letras. ¿Que locura es esta? ¿Por qué los apuntes fotocopiados no explican nada? Espera, esto se tiene que hacer sustituyendo las S con las A y derivando las B. No, no tiene sentido. A ver, aquí hay un ejercicio resuelto. Veamos. No, esto no concuerda con mi teoría. ¿Y si fuera B con S? El tipo al que le fotocopiado los apuntes seguro que es un inútil ¿Y si está mal calculado?


26 de Mayo, 7:21 PM con 12 segundos y 243 milésimas de segundo

- Si dejo de pensar y dejo fluir la energía directamente del cosmos a mi mano igual doy con el resultado… El Tao de los Compiladores, sí, el Tao. El Tao es inefable e indescripble… Esta curva sigmoidea que he calculado aquí creo que no tiene nada que ver con la asignatura, pero puede servirme para invertir en bolsa, la voy a guardar a parte. Todos los patrones me llevan al número 23. ¿Que significará? Teniendo el cuenta la teoría de los múltiples universos, tiene que existir un universo paralelo en el que queden dos meses para el exámen y aun pueda ir a clase. ¿Habrá alguna forma de ir ahí? Bah, pero seguro que me tiro un mes y 3 semanas de fiesta si lo consigo, para que intentarlo.

Lo que hizo que de verdad me asustara fue ver a un tipo vestido de amarillo fosforito gesticulando detrás de la ventana. Me miraba y giraba la muñeca imitando el movimiento de abrir el pomo.

Era simplemente imposible llegar hasta el balcón de mi cuarto. Sólo podía haber una explicación: Estaba alucinando. El esfuerzo de estos exámenes había acabado por trastocar la frágil química de mi cerebro. Cerré los ojos y me los froté con fuerza. Al girar mi cabeza hacia la ventana el hombre no sólo seguía ahí, además parecía cabreado. Golpeaba la ventana con fuerza, gritando:

- ¡Chaval, hostia! ¡Abre la ventana!

Es jodido aceptar que uno es paranoide, pero la evidencia era innegable. No había forma humana de que alguien llegara a el balcón del quinto sin ser un portentoso atleta, y el producto de mi mente que había materializado detrás de mi ventana tenía una curva de la felicidad que más bien parecía una chicane. Decidí tratarle con amabilidad “ya puestos, mejor es tener un amigo imaginario que un señor cabreado imaginario”. Tomé aire, abrí la puerta del balcón y me dispuse a enfrentarme a mi nueva realidad.

- Joder, ya era hora. ¿No tendrás un pedazo de cartón, unos folios o algo similar?

¿Para qué querría una alucinación un cartón? Bueno, pensé, un delirio paranoide no tiene porque tener lógica. Le di la parte de los apuntes con los patrones para invertir en bolsa, aún era muy joven para arruinarme.

- Esto tampoco puede ser muy grave - murmuré algo más animado - no me ha pedido que queme cosas ni que vaya a la cocina a por un cuchillo, ni…

- Oye chaval, ¿que te pasa? Has tardado mucho en abrirme, estás hablando sólo y tienes muy mala cara. Además, aquí dentro huele a Ligre, deberías ventilar esto más a menudo. También podrías salir fuera a tomar algo, hace un solecito cojonudo.

Vaya, así que era eso. Mi subconsciente contándome en forma de alucinación lo que de verdad me apetecía hacer.

- No puedo, tengo un exámen en cuatro días.

Entonces me di cuenta de que mi alucinación estaba montando un andamio.

- ¿Cómo lo llevas? - Dijo el obrero mientras usaba los folios como tope para no joderme el techo de la terraza -

- Pues bastante mal, pero aún me queda tiempo. Espero.

- Jajajaja, no te preocupes chaval. ¡Hay trabajo de sobra! Deja de estudiar y te vienes a currar aquí abajo ahora mismo, que andamos faltos de personal. - Bromeó - ¿No sabías que ibamos a arreglar la fachada? Dos meses vamos a tardar.

Me asomé a la terraza y vi a otro operario abajo comiéndose un bocata de tortilla. El andamio subía inacabado por la fachada hasta mi cuarto. ¡Era verdad! No estaba loco y un resplandeciente sol brillaba en el cielo. Mientras disfrutaba de mi reencontrada cordura, el obrero había acabado de montar el invento y subía por él hasta el siguiente piso.

- Bueno chaval, que tengas suerte. - Dijo mientras escalaba - ¡Y baja a tomarte algo, que buena falta te hace!.

¡Ah, que gloriosa casualidad!. Me di cuenta de que ese hombre sencillo era una señal. Ahora mismo dejaría de estudiar y bajaría a tomarme algo. Que más daba el exámen, era primavera y el sol brillaba con fuerza, ya estudiaría durante… el verano, cuando son todas las fiestas, cuando llega el buen tiempo de verdad y cuando está todo el mundo en la playa.

Me senté en la silla y me sumergí en mi infierno de letras y cálculos incomprensibles cuando me di cuenta de que ya no tenía luz natural. La tela verde del andamio iba a ser mi paisaje durante toda la jornada de exámenes.

Dedicado a todos los que estais de exámenes. ¡Ánimo! Cuando sintais que os fallan las fuerzas y que no quereis seguir estudiando pensad lo siguiente: Cuando acabeis la carrera vuestra vida se volverá una puta mierda 12 meses al año y no sólo 3 como os pasa ahora. De nada.