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El Piso de Estudiantes: Anécdotas y Leyendas (3ª Parte)

Bien entrado el otoño en el piso que compartía con China y Olaf, estaba a punto de aprender otra valiosa lección sobre la vida en piso de estudiantes, pero yo no lo sabía. Como ya empezaba a hacer frío, me había acercado a la estufa eléctrica que coleccionaba telarañas y óxido en una esquina para intentar hacerla funcionar. Estaba yo de cuclillas intentando hacer entender el mecanismo, cuando de pronto empezó a retumbar el suelo a mis espaldas.

Olaf: ¡¿PERO QUE HACES INSENSATO?! ¡NO TOQUES ESO!

No me pude dar la vuelta a tiempo. Olaf se había tirado en plancha sobre mi placándome y derribándome, como solía hacer con frecuencia con sus amigos cuando se había bebido unos litros de kalimotxo de más. Pero esta vez casi no estaba borracho. Era lunes.

Juin: ¿Que te pasa, Olaf? No sé si te has fijado, pero no es dinamita lo que estaba manipulando, es la calefacción.

Olaf: ¿Pero tú sabes lo que cuesta la calefacción en esta casa? Es eléctrica. ¿Es que no tienes prioridades?

Juin: ¿Prioridades?

Olaf volvió a mirarme con los ojos llenos de sabiduría y condescendencia. Después, poniendo una mano sobre mi hombro y volviendo la vista hacia el infinito volvió a hablarme con el acento oriental que guardaba para las grandes lecciones de la vida del estudiante.

El sabio Olaf: Mi pequeño saltamontes, el estudiante debe comportarse como distintos animales dependiendo de la situación. Por ejemplo: el estudiante sabio, aquel que no va a clase ni aunque le secuestre el rector, es como un koala durante el curso. Vive en paz consigo mismo y con la naturaleza, dedicándose a la vida contemplativa, al cultivo del alcoholismo y a la superación de videojuegos. En época de exámenes muchos koalas intentan ser como una hormiga, obedientes, estudiosos y trabajadores. Pero los koalas sabios saben que la metamorfosis del majestuoso koala a la insulsa y trabajadora hormiga es imposible. Y aunque fuera posible, no es ética, ya que iría en contra de los sus principios básicos. El koala sabio sabe que debe convertirse en alimaña. Fotocopiar apuntes, memorizar tests que se supone que el alumnado no tiene, entregarse en cuerpo y alma al noble arte de la confección de chuletas, estar los primeros en la cola del examen para conseguir asientos privilegiados y posiciones estratégicas…

Juin: ¿Qué tiene que ver la national geografic con la calefacción? Tengo frío.

Me intenté acercar otra vez al aparato calefactor. Olaf no se inmutó, siguió mirando al infinito con la mirada llena de sabiduría a la vez que apretaba con fuerza mi hombro. Estaba clavado en el suelo y no me podía mover. Olaf prosiguió.

El sabio Olaf: Tranquilo, impaciente colibrí. Cierto es que me he ido por las ramas cual grácil ardilla, vayamos al grano. Entonces, como koala y alimaña que quieres y debes llegar a ser, debes entregarte por completo a la única motivación real del estudiante. El ocio. Para mantener los niveles de ocio de forma adecuada hay que establecer prioridades. Por ejemplo, estas son las mías.

1º Comics
2º Videojuegos
3º Alcohol
4º Comida
5º Calor

El sabio Olaf: Si lo piensas, que la casa esté caliente no es algo prioritario. Incluso puede ser útil. ¡No sólo ahorramos en calefacción, también en percheros!

Juin: ¿Percheros?

El sabio Olaf: Sí, percheros. Verás como en invierno todos los visitantes de esta humilde morada no se quitarán nunca el abrigo al entrar. No necesitamos percheros, por que la temperatura de la casa será siempre la temperatura ambiente.

Juin: A ver si lo he entendido. ¿Quieres ahorrar en calefacción para comprar alcohol, comics y videojuegos?

Olaf: ¡Lo acabas de entender! Me alegro de que compartas mi opinión.

Estaba yo intentando asimilar tanta sabiduría cuando explotó una tubería del baño. No era el piso más nuevo del mundo, pero tampoco era para tanto. Según los historiadores, las pirámides en egipto se habían construido por lo menos unas semanas antes que el edificio donde ahora yo vivía.

A la mañana siguiente aprendí otra valiosa lección. Resultó que el fontanero que había arreglado la tubería hacía unos meses no la había hecho del todo bien. Un charco permanente en el cuarto de baño era la prueba. Me presté voluntario para hablar con él por teléfono. Me concentré, quería hacerlo bien. Agarré el teléfono, respiré hondo y marqué el número.

Juin: Buenas tardes, señor fontanero. Llamo para que arregle usted el grifo que tengo aquí roto, si no es mucha molestia.

Señor fontanero: Vaya, resulta que estoy muy ocupado.

Juin: Entiendo que es usted un hombre ocupado, pero este grifo lo reparó usted hace unas semanas y estamos chapoteando en la casa. ¿No podría hacer usted una excepción?

Señor fontanero: Bueeno, por ser vosotros podría ir un día de estos a la mañana.

Juin: Pero señor fontanero, a las mañanas estamos muy ocupados. Las clases son de ocho a una.

Señor fontanero: Pero seguro que podeis saltaros alguna clase, ¿no?

Juin: Si no es por no querer saltarnos clases, pero es que si nos saltamos clases, solemos dormir.

Señor fontanero: Bueno, pues entonces quedamos la semana que viene a la mañana un día de estos, vuelve a llamarme y así mejor.

En esto que pasaba China por ahí. Sonriente, me dijo con voz suave y amable.

Amable China: ¿Te importa si intercambio unas palabras con el señor fontanero?

Le pasé el teléfono. En cuanto agarró el aparato el rictus y la voz le cambiaron de forma drástica.

Darth China: VAS A VENIR AQUÍ CUANTO ANTES POR QUE FUISTE TÚ EL QUE LA CAGÓ AQUÍ Y MÁS TE VALE MOVER EL CULO Y HACERLO BIEN ESTA VEZ POR QUE SE DONDE VIVES Y DONDE ESTUDIAN TUS HIJOS Y CREEME QUE COMO NOS HAGAS PERDER EL TIEMPO VAS A ACABAR DESCUBRIENDO NUEVAS DIMENSIONES DE LA PALABRA DOLOR QUE NO HAS IMAGINADO EN TUS PEORES PESADILLAS… Ok, no hay problema. ¡Nos vemos!

China colgó y me dijo.

China: El fontanero viene mañana. Por la tarde.

La lección aprendida fue: Nunca, bajo ningún concepto, mosquees a China. Lástima que no fuera tán fácil como sólo proponérselo.