Entries in the '' Category

Mis estúpidos planes

“¡Quiero ser pirata!” - Guybrush Threepwood

Cuando a uno se le ocurre una idea estúpida y mentalmente la clasifica como tal, lo lógico e inteligente es desecharla, ¿verdad?. Pues yo tengo una que por mucho que lo intento, no consigo quitarme de la cabeza. No es la primera vez que me pasa, pero ahora creo que empieza a ser grave. Cuando descubrí el jevimetal, quise ser guitarrista. Vale. Cuando descubrí la informática quería ser hacker. Normal, digo yo. Pero ahora, sin ningún estimulo evidente, quiero ser marinero.

Vale, ahora podeis reiros, os dejo unas lineas.

.

.

.

.

Nunca he practicado deportes acuáticos, y eso que vivo a 15 minutos de la playa. Nunca antes había tenido una idea parecida, y no tengo ningún amigo o pariente que esté metido en este mundo. Es muy posible que sea por haber leido demasiadas novelas de aventuras y haber abusado de los videojuegos desde mi más tierna infancia, el único vicio que soy incapaz de dejar o tomar con mesura.

El plan es el siguiente: Me voy a ir a Dublín a trabajar el mes que viene. En cuanto ahorre algo de pasta (si es que consigo curro) y me canse de estar allí (quien sabe) me compraré un barco (de segunda mano y pequeño, supongo), me sacaré el PER y volveré navegando desde Dublín hasta San Sebastián (costeando).

¿Cuantas planes así o más estúpidos aún se me han ocurrido ya? ¿Porqué se me ocurren este tipo de cosas? ¿Quiero sentirme original? ¿Será la crisis post-universitaria? Creo que no. Lo haré algún día aunque sea un plan absurdo desde un punto de vista lógico. Lo quiero hacer porque me ilusiona, porque es algo para lo que no tengo absolutamente ninguna preparación y porque quiero demostrarme a mi mismo que soy capaz de hacerlo.

Hay que ir paso a paso. Habrá que empezar por tirar la Playstation por la ventana. Pero es que la quiero casi más que al sofá…

El Piso de Estudiantes: Anécdotas y Leyendas (1º Parte)

Cuando vi la película Gente Pez creo que estaba en el local con mis amigos donostiarras. La película gira en torno a una casa en la que viven, o malviven, según lo mires, estudiantes y otras clases de maleantes. Cuando acabó la película la gente que no había tenido la suerte de vivir en un piso por su cuenta comentaba:

Fumeta1: Juas, que divertida. ¡Que imaginación tiene Mauro Entrialgo! ¿Como se le han podido ocurrir tantas locuras?

Fumeta2: Joder, que cerdo estaba el piso. Se han pasado, no es creible que nadie viva así.

Fumeta1: Y menudo colgado de compañero de piso, ¿que no? No existe gente tan asocial como el Edorta, o tan borracho como el inglés.

La gente que por el contrario había pasado por la experiencia de compartir piso estaba asustada: Parecía que los guionistas hubieran puesto cámaras grabando dentro de nuestras casas: Esta película puede parecer exagerada, pero la realidad supera la ficción. Rememoremos viejas leyendas, grandes momentos y olvidables episodios de nuestras vidas. Rememoremos la vida del estudiante.

El primer año: Sintiendo el peso de la historia

Llegué a un piso de estudiantes ocupando una habitación que había quedado libre. Esto no era nada nuevo ya, llevaba pasando desde tiempos inmemoriales.

–PUBLICIDAD–

ATENCION, PROPIETARIOS DE VIVIENDAS A RENTAR:

Si tiene usted un piso de mierda que no tiene ganas de arreglar, alquileselo a unos estudiantes. Pueden ser sucios e irrespetuosos con la vecindad, pero… ¿Que importa? Además, puede ser que le eviten el trabajo de realquilarlo, ya que son como ratas: Hay muchas y son indistinguibles. Usted puede notar que falta alguno al empezar el curso, pero tendrá otro distinto ocupando su lugar. ¡Son todo ventajas!

–PUBLICIDAD–

Viviendo ahí estaban Olaf y China. A China le conocía de Donosti, ya que era novia de un conocido mio. A Olaf le conocí en la universidad, por pura casualidad ya que no se dejaba ver mucho por ahí. Sólo iba para encontrarse con sus amigos y organizar quinitos matutinos, una sana costumbre que consistía en beberse unos cuantos hectolitros de kalimotxo para desayunar.

Yo tenía mucho que aprender. Algo que no he llegado a aprender aún es a NUNCA hay que andar descalzo en un piso de estudiantes, pero por ejemplo si que aprendí a hacer la compra como dios manda. Olaf se ofreció gustoso a instruirme, el era ya todo un maestro.

Por supuesto que aprendí el valor nutritivo/económico de la pasta y el arroz, las bondades de las latas de fabada, a completar mi dieta con barritas de merluza (que también hay que comer pescado) y a comprar huevos, que vienen dentro de unos óvalos de color marrón claro. Pero todo esto es básico, el conocimiento de Olaf era mucho mayor

Eroski tenía una oferta en yogures (que eliminaron por gente como Olaf) que decía lo siguiente:

“Los yogures que caduquen antes de 7 días… ¡Te los regalamos!”

Olaf: Bien pequeño saltamontes, los yogures son caros, así que hay que buscar yogures que estén a punto de caducar.

Juin: No hay ninguno, oh maestro. Las pérfidas dependientes del supermercado los habrán retirado para que no les regañen sus superiores, o se nos habrá adelantado algún otro hambriento estudiante o alguna octogenaria madrugadora.

Olaf: Te equivocas, mi inexperto amigo. Mira al final de la balda. Los yogures que están más cerca de caducar siempre están situados más a mano. Si cambias el orden de los yogures, dentro de unos días recogerás lo que sembraste, y podrás cenar 5 yogures todos los días.

Su política respecto al alimento era claramente de ahorro (ya que había que comprar kalimotxo y comics, bienes de mayor necesidad), pero hubo una vez que me sorprendió y recibí una valiosa lección.

Juin: Oh maestro, ¿que hace comprando papel de culo marca Scottex? ¡Este otro es claramente más barato!

Olaf: Esto se lo tendrás que decir al siguiente estudiante que venga a vivir contigo, amigo mio. Puedes ahorrar comprando la pasta más barata, ahorrar en fabada, pan de molde, comprar cerdo en vez de ternera… Pero JAMAS ahorres en papel de culo. El papel de culo genérico es como lija, y frotar el ano con lija suele traer incomodidades. He dicho.

Y compramos Scottex, además de 10 litros de vino y 10 de pepsi.

Una de odio

Todo el mundo tiene o ha tenido archienemigos: Ese niño que se reía de tí en primaria, aquél tendero de tu barrio que gritaba siempre que ibas a comprarle golosinas o aquel primo mayor que no hacía más que pellizcarte por debajo de la mesa en las comidas familiares.

Es parte de nuestra psicología, nuestra cultura, la forma de actuar del ser humano. Porque por mucho que digan los buenrollistas y comeflores, uno se puede alimentar tambien de ODIO.

La voluntad humana es como un motor, necesita combustible, una motivación. Y está claro que cuando vas a repostar de motivación para tu vacia voluntad, hay que echar lo que se pueda. Lo ideal es llenarla de sentimientos positivos, colgar mensajitos en papel con flores y peluches con consignas tales como “¡Este es el primer día del resto de tu vida!” o “¡Sé feliz, es bueno para el cutis!”.

Pero hay veces que la actitud Disney no funciona y hay que llenar ese depósito de motivación con sentimientos negativos.

Por ejemplo:

A mí ahora mismo, por mucho que lo intento, me resulta imposible autoconvencerme de que aprobar el único examen que me queda para acabar la carrera sea algo que hago por mi formación. Odio demasiado a la profesora para poder pensar en otra cosa. La única forma que tengo de motivarme a estudiar es imaginarme que el examen es un combate de boxeo en la campa de la facultad, y que estudiar hace que mi gancho de izquierda sea más rápido y fuerte. Estudio mucho, porque sé que la asquerosa de ella lleva herraduras en los guantes y que no tendrá piedad. Ella es mi rival y el árbitro a la vez. Asimilo mejor los problemas si me imagino su cara desfigurada.

Además, odio mi universidad, con todas mis fuerzas. Nos preparan para ser peones titulados de sus empresas, para currar por el mismo sueldo que pagan en Burger King. Si, ya sé lo que me direis: Por algo hay que empezar, luego cobrarás más, que prepotente: ¿Te crees mejor que un hamburguesero?. La verdad es que no, porque de entrada ellos no han invertido 5 años de su vida en conseguir un puto papel. Lo que he aprendido de informática ha sido prácticamente por mi cuenta y para que negarlo, me lo he pasado muy bien durante mi vida universitaria puliéndome el dinero de mis padres. Ellos están felices: Yo soy un parásito borracho al que mantener y a cambio pueden decirse que soy ingeniero, que han conseguido otra meta en la vida: Su hijo es un hombre de bien.

Lamentablemente, yo no me siento bien. Cada año mi capacidad de concentración, mi fuerza de voluntad y mis ganas de hacer cosas disminuyen. Creo que es la mala vida. Me sorprendo haciendo mil planes continuamente, planes que no llevo a cabo nunca. Si la carrera durara un año más, estoy seguro de que esta vez repetiría. El último plan es tan absurdo que me da hasta vergüenza contarlo.

Prometo de todas formas hacerlo pronto.

¡Un abrazo a todos!

PD: En realidad no estoy tan jodido. La verdad es que me sienta muy mal estudiar. :P