Un nuevo trabajo (1)
Enero 22nd, 20091.
Victor andaba a paso por una céntrica avenida de la ciudad. Había pasado cientos de veces por ahí, pero nunca tan temprano. Intentaba atajar entre la multitud de disfraces: las corbatas, monos azules y vestidos ajustados de secretaria. Los disfraces parecían tener más vida que sus pálidos y somnolientos huéspedes, parecían arrastrarles a sus puestos de trabajo, en una rutina que se repetía todas las mañanas.
Victor también iba dentro de un bonito disfraz de competente profesional acorbatado. Era su primera vez, y no lo llevaba nada bien. “Esto es lo que voy a ser yo: Otro robot más de camino al trabajo todas las mañanas. Luego me emborracharé hasta la inconsciencia los fines de semana para olvidar mi fracaso. Mierda de vida.” En esto pensaba Victor. En esto y en muchas otras cosas que se le agolpaban en la cabeza.
Pero no quería llegar tarde a la entrevista. Necesitaba ese trabajo.
En la universidad donde había trabajado durante tanto tiempo se había acabado la financiación. Usando la crisis como excusa, el presidente había recortado el presupuesto de la universidad publica, en nombre del progreso, la competitividad y el sagrado libre mercado, amén. También lo hacía, aunque esto no lo dijo en la rueda de prensa, por sus amiguetes empresarios, ansiosos por montar universidades privadas donde sólo se educarían ciudadanos de bien, con la apropiada cantidad de ceros en la cuenta corriente.
Se formó un pequeño atasco de peatones por culpa de unas obras en medio de la calzada. La masa de disfraces se condensó. Las ojerosas caras de los huéspedes apenas movieron un músculo. Emparedado entre una corbata y un mono de albañil, Victor pensaba en las razones de su desempleo.
Su laboratorio era el que usaba el equipo más caro y la linea de investigación demasiado teórica para dar resultados inmediatos. “Todos eramos capaces de resolver ecuaciones diferenciales, pero ninguno de nosotros se paró a sumar dos más dos y deducir esta obviedad. Que estúpido me siento” pensó mientras adelantaba a dos turistas madrugadores.
Además, el catedrático jefe su departamento no despertaba muchas simpatías en el campus. Tenía todas las cualidades para caer mal. Era inteligente, arrogante y nunca le gustó lamer culos. Nunca sonreía, a no ser que fuera socarronamente y de medio lado. Tampoco era muy popular entre el alumnado, que se quejaba a menudo del alto nivel de exigencia de sus clases.
El catedrático reunió a Victor y los los cinco becarios que trabajaban con él. Las únicas palabras que recordaba eran “Nos han retirado la financiación”. Pero eso no le importaba. Si hubiera entrado por la puerta un unicornio rosa bailando un tango con un dromedario borracho no habría sido tan impactante como ver las lágrimas del catedrático rodando por sus mejillas. El profesor tenía una imagen de intelectual era tan perfecta que nunca había considerado que pudiera tener glándulas lacrimales funcionales.
Victor se había hipotecado por muchísimos años (más de los que quería recordar), cometiendo el mayor error financiero de su vida. Nunca había prestado mucha atención al dinero, siempre había estado demasiado ocupado. Pero últimamente, entre entrevista y entrevista, se había acostumbrado a leer la prensa económica. Quería entender lo que estaba pasando.
“Es gracioso” pensó Victor con amargura: “Hace unos años, cuando firmé la hipoteca, ni siquiera sabía que existía el Euribor. Ni yo ni nadie. Ahora hablamos todos del patrón oro, de la FED, el banco central y de los hedge funds como si fueramos brokers”. Aceleró el paso para colarse en por un hueco que se abrió entre la multitud “¡Joder, ni siquiera sabía lo que era un broker antes de todo esto!”.
No iba a encontrar trabajo en la universidad ahora que estaban recortando personal y apena había trabajo para matemáticos teóricos en el mundo de la empresa. “Se requiere matemático competente, para novedoso puesto de trabajo en dinámica y competitiva corporación. Imprescindible buena presencia.”, decía el anuncio. Amaba las matemáticas. Las matemáticas eran bellas, exactas, encajaban. No como este mundo caótico e irracional.
Llegó por fin la entrada. Estaba en el mismo centro de la ciudad, la clase de edificio aburrido que nunca atrae la atención. Detuvo su acelerada marcha unos momentos para secarse el sudor de las manos y respirar hondo…
2.
Al cruzar la puerta, le sorprendió la decoración hall. Moderno y sencillo, con mucho blanco salpicado de puntuales detalles de colores vivos. Una secretaria le recibió enseñándole su blancos dientes, en una simulación casi perfecta de una sonrisa sincera. Se notaba que era una profesional, la sonrisa que le ofreció no sólo parecía natural por la relajación de la boca y la posición correcta de la mandíbula, sus ojos también sonreian. Era una sonrisa corporativa, patrocinada. A Victor no le gustaban las sonrisas falsas.
- ¡Hola! ¿En qué puedo ayudarte?
- Si, hola, eh… Buenos días señorita. Eh… Tenía una cita con el señor Alex Varela, director de Recursos Humanos de Infuture.
- ¡Genial! ¿Tienes el carné de identidad?
Se lo había olvidado en casa. Maldiciendo, buscó algún otro documento en la cartera.
- ¿Servirá el de la universidad?
La secretaria le miró divertida y contestó soltando una risita.
- ¡Claro, no te preocupes! Infuture es como una universidad, verás como el ambiente te recuerda muchísimo a tu viejo departamento. Pasa por aquí, Alex te está esperando.
Victor siguió las indicaciones de la secretaria mientras pensaba en la conversación que acababa de tener.
“¿Qué sabe ella de mi anterior trabajo?”
![\begin{eqnarray*}G_1 &:& \begin{array}[t]{rcl}S &\rightarrow& \mbox{\it nil\/}......it nil\/}\vert A \\A &\rightarrow& cAd\vert cd\end{array}\end{eqnarray*}](http://delta.cs.cinvestav.mx/%7Egmorales/ta/img521.gif)
